Hola mis queridas amiguis, ¿Cómo están? Antes que nada quiero agradecer todos los comentarios que me han dejado en mi entrada anterior, los he leído todos y de verdad me han dado muchos ánimos. Ya no estoy triste como antes. Mi buen humor ha regresado intacto, porque uno puede perder muchas cosas en la vida menos la esperanza.
Ha pasado más de un mes desde la última vez que posteé algo, y quise venir a contarles en qué andamos. El diagnóstico de mi niño fue confirmado una vez más por una neuro pediatra, quien puso la clasificación de "niño con trastorno general del desarrollo" en la historia médica de mi hijo. Pero no importa los rótulos que le pongan, "niño diferente o especial", él es el sol de mi vida y lo será siempre. La gente suele decirme que no me preocupe, que mi hijo saldrá adelante, que algún día aprenderá a hablar y a comunicar lo que siente. Me les quedo mirando inconscientemente, antes no entendía por qué me lo decían, si yo estaba segura de eso. Luego entendí que querían consolarme... Pero aunque a ustedes les suene raro, ya no siento tristeza. Tengo la extraña certeza de que él saldrá adelante y encontrará el modo de ser feliz a pesar de sus dificultades.
Entendí que no tengo por qué sentir lástima de mi misma ni de mi niño. Si Dios quiso que las cosas fueran así, lo mejor es asumirlas con el mayor optimismo posible y con todo el amor que se tenga.
También ha dejado de importarme lo que la gente en la calle me diga. Por ejemplo si mi niño se pone a gritar, a cabecear o aletear sus manos, no doy ninguna explicación. No es que reniegue de lo que pasa, si no que es problema de los demás si se sienten incómodos. Para mí es más importante lograr que él sea el que se sienta bien. Ayer una señora en la panadería enojada me dijo que mi hijo necesitaba un "poco de chaschás", porque se puso a desarmar el arbolito navideño que había en el local. Me limité a decirle que lo armaría de nuevo antes de irme, y antes de salir lo había dejado igual que antes. Yo sé que cuando él ve un pinito cargado de bolitas, va a querer sacarlas todas y organizarlas por colores. No lo puede evitar. Tiende a clasificar todo lo que ve. Le da paz, no sé por qué... pero su mentecita funciona así.
Muchas personas creen que el chachás en la colita es la solución para todo. Pero no lo es. Cuando tengo que ser firme lo soy, e intento que se porte lo mejor posible... Pero con paciencia y determinación. Para eso trabajamos cada día con la terapista ocupacional.
Mi Mati, -no sé si les había contado que mi hijo se llama Matías- es muy alegre la mayor parte del tiempo, pero tiene sus días malos como todo el mundo, y es en ésos días en los que uno tiene que poner todo el amor extra. Cuando alguien me dice: "Díos mío! Qué le pasa a tu hijo? Qué es lo que tiene?"... Suelo responder la verdad con mucha calma. Mi marido en cambio prefiere decir con una sonrisa que "es muy mimado o malcriado". Me causa un poco de gracia. Cada uno lo lleva como puede, pero como le dije antes, a mí ya no me importa demasiado lo que la gente piense. Sé que no lo hacen de maldad. Antes yo misma levantaba las cejas cuando oía un niño con comportamiento diferente gritar o patalear. Ahora me he vuelto muchísimo más tolerante. El amor nos cambia, no?
Bueno mis corazones me despido por hoy, volveré pronto... para contarles más cosas de mi día a día o traerles algún regalito... Hace tanto que no abro mi PSP que ya debe tener telarañas el pobre... ¿Cómo les parece que cuando tengo tiempo se me ocurrió ponerme a escribir una novela? Estoy loca, no? jajaja Voy por la página 187 y estoy segura de que es un bodrio, pero no importa! Querer es poder jejeje.
Un besote a todas! Las quiero!
Dear Santa
Hace 2 horas

































